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miércoles, 25 de junio de 2014

EL TRATADO SALOMÓN-LOZANO: CUANDO EL PERÚ ENTREGÓ TERRITORIO A COLOMBIA

Durante la dictadura de Leguía (1919-1930), gobierno que permitió el ascenso de la gran burguesía al poder, la economía peruana se sujetó más a los dictámenes del imperialismo norteamericano. Los préstamos que el gobierno contrajo con los EEUU y los enclaves económicos, nos ponía en una situación de dependencia casi absoluta, en la cual el capitalismo burocrático, atado a la semifeudalidad y al imperialismo, se estaba desenvolviendo. Es así que en materia política y territorial el Perú también tuvo que ceder a las presiones norteamericanas. Durante este gobierno, el Perú firmará una serie de tratados limítrofes en donde la injerencia estadounidense será notoria. Uno de estos acuerdos fue la firma por el gobierno del TRATADO SALOMÓN-LOZANO (1922), tratado acordado en secreto por los ministros de relaciones exteriores de Perú y Colombia, Alberto Salomón y Fabio Lozano respectivamente, por el cual EL PERÚ LE CEDÍA A COLOMBIA MÁS DE 100 MIL Km2, territorios de la amazonía comprendidos entre los ríos Caquetá y el Putumayo, incluyendo al poblado de Leticia, otorgando a Colombia salida al río Amazonas. A cambio de ello el Perú recibía un pequeño territorio conocido como el triángulo de sucumbios que Ecuador había cedido a Colombia años atrás. Un canje de territorios totalmente desfavorable al Perú.

¿Por qué el gobierno peruano actuó de forma tan entreguista? ¿Cuál era la intención del imperialismo norteamericano en este tratado? Ya la dictadura de Leguía, el oncenio, daba muestras de su sometimiento a norteamérica, principalmente en lo económico. Era de esperar que en lo político también se refleje ese sometimiento. EEUU intervino apurando la ratificación del tratado, realizada por el Congreso peruano en 1927, a fin de callar toda oposición tanto interna como externa, generada por el tratado. ¿Qué buscaba? Una redefinición de los territorios en Sudamérica: compensar territorialmente a Colombia por la separación de Panamá en 1903 y facilitándole la salida al río Amazonas. Introducir un tercer país en el acceso al río Amazonas aparte de Perú y Brasil. Ecuador se pronunció en contra de este tratado acusando a Colombia de traición llegando a romper relaciones diplomáticas. El tratado fue aprobrado por el Congreso peruano en 1927 e inscrito en los registros de la Sociedad de las Naciones al año siguiente. El rechazo de la opinión pública del Perú fue generalizado: el pueblo de Loteto se movilizó contra esta arbitrariedad, los obreros, los estudiantes, la prensa, se mostraron disconformes frente a ello. El gobierno entreguista de Leguía ni se inmutó. 

Posteriormente, en 1932, durante la dictadura militar de Sanchez Cerro, el pueblo de Leticia -ya siendo parte de Colombia- se rebeló expulsando a la guarnición colombiana y exigiendo retornar al Perú, pero ni el gobierno, ni el imperialismo con su Sociedad de las Naciones lo consintieron. Presionaron al gobierno militar de Benavides para que "restablezca el orden" y ratifique el tratado. Así, este tratado, como tantos otros, formó parte de la política entreguista de los gobiernos peruanos al imperialismo norteamericano, atentando así contra nuestra soberanía e integridad territorial. Y se demuestra además que son los imperialistas los que deciden las fronteras de nuestros países sudamericanos.

martes, 24 de junio de 2014

LA REFORMA AGRARIA DE VELASCO


"Campesino el patrón no comerá más de tu pobreza" fue una de las más recordadas frases del presidente Juan Velasco Alvarado (1968-1975) cuando promulgó una de las principales leyes dadas por el gobierno militar en el Perú: la ley N°17716 o ley de Reforma Agraria, un 24 de junio de 1969. Con dicha norma el gobierno militar pasaba a expropiar las tierras de los latifundios y minifundios tanto de la costa como de la sierra. El Estado pasaba a tener el control de dichas tierras y para administrarlas creó empresas asociativas: la CAPS (Cooperativa agrícola de producción social) y la SAIS (Sociedad agraria de interés social) en costa y sierra respectivamente. Así mismo dio indemnizaciones a los latifundistas afectados por la medida e incentivos para invertir en la industria y la banca. Es decir se dio una expropiación de las tierras, un cambio de propietarios. El Estado pretendía así poner fin a un problema que impedía la formación de la nación y mantenía el atraso del Perú: la semifeudalidad, lastre de un pasado colonial que el país tenía. Pero, ¿Lo puso fin realmente? ¿Cómo quedó la situación del campesinado que era explotado y luchaba por recuperar sus tierras?

Recordemos que en la década del 60 se dieron grandes luchas por la tierra del campesinado y habían sido aniquilados los movimientos guerrilleros en el Perú. Así mismo los movimientos socialistas y de liberación estaban en su momento de auge. En la propia América Latina, la revolución cubana abrió una esperanza de emancipación de los pueblos oprimidos por el imperialismo norteamericano. Es en ese contexto en donde se gesta la necesidad de una reforma agraria pero digitada desde el imperialismo y su plan para América Latina: la Alianza para el Progreso (ALPRO), como una forma de modernizar las economías de los países latinoamericanos muchos de ellos atrasados por mantener viejas estructuras feudales en el campo. Así mismo la reforma agraria lo veían para evitar más levantamientos o posibles insurrecciones populares. El golpe militar y la dictadura de Velasco y Morales Bermúdez, fue precisamente para impedir más levantamientos populares y controlar sus organizaciones. 

Con esta ley el campesinado pasaba a formar parte de las empresas asociativas, a ser un trabajador más y por tanto responsable de la administración de la empresa bajo dirección del Estado. No es que la tierra era entregada libremente al campesino, sino que el campesino trabajaba la tierra que era del Estado. En aras de impulsar la industrialización -muy pregonada por la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) en aquellos tiempos- la política estatista y corporativa de Velasco buscaba generar mercado de consumo en el campo sin romper con los lazos del dominio imperialista en el Perú ni con los terratenientes, en pocas palabras introducir el capitalismo burocrático en el campo sin liquidar el problema de la semifeudalidad, mantenerla bajo nuevas formas pero conservando su esencia: latifundio y servidumbre. El Estado se convertía en una especie de gran terrateniente. Una situación asfixiante para un campesinado cada vez más explotado. Ello generó innumerables levantamientos masivos de campesinos contra esta politica en los años setenta y dio mayor base para una guerra agraria como estallará en los ochenta. 

Así vemos que la llamada "reforma agraria" de 1969 no fue tal, no se entregó la tierra como corresponde al campesino, sólo sirvió a evolucionar la semifeudalidad, y fracasó ahondando la pobreza y agudizando las contradicciones en el campo. Las empresas asociativas colapsaron, no produjeron lo esperado, y ya en los ochenta los gobiernos de turno fueron limitando su contenido, la guerrilla hacía lo propio destruyéndolas, hasta que el gobierno de Fujimori a inicios de los noventa, dio por liquidada esta ley impulsando la compra y venta de tierras a manos de capitales privados. ¿Qué lección nos deja esto?, que una verdadera reforma agraria, reforma democrática, se da cuando es el propio campesino quien lo lleva a cabo, como ocurrió en Rusia y China, confiscando las tierras y repartiéndolas entre los mismos campesinos bajo el principio emblemático de lo que debe ser una verdadera reforma agraria: "tierra para quien la trabaja".

domingo, 8 de junio de 2014

EL GOBIERNO DE SANCHEZ CERRO Y LA LEY DE EMERGENCIA

Era el gobierno militar de Luis M. Sanchez Cerro (1931-1933), dentro del periodo llamado tercer militarismo. La crisis económica peruana, producto de la crisis general del sistema capitalista (Gran Depresión debido al Crack de 1929) golpeaba a las masas trabajadoras y la movilización popular se acrecentaba tras la caída del oncenio. El Partido Comunista del Perú fundado por Mariátegui -ya desaparecido- iniciaba su trabajo de organización de los obreros, especialmente mineros, el Partido Aprista, con su prédica demagógica y bajo la conducción de Haya de la Torre, fue el principal rival de Sanchez Cerro en las elecciones de 1931 y hostigaba al nuevo gobierno. La tensión social se agudizaba. El Congreso Minero de La Oroya de 1930 fue disuelto a balazos y muertos muchos obreros. La CGTP fue disuelta y la Universidad de San Marcos cerrada. Frente a ello el parlamento dominado por el partido del gobierno: Unión Revolucionaria, dictamina una ley represiva: LA LEY DE EMERGENCIA. Esta norma autorizaba al gobierno fascista a detener y perseguir a los apristas, comunistas y masas trabajadoras en general. Era la época donde el fascismo italiano con Mussolini y alemán con Hittler avanzaban en Europa contra el avance socialista, previo a la segunda guerra mundial. En el Perú fueron años de torturas, detenciones y fusilamientos en masa como lo ocurrido en Chan Chán. El Partido Comunista y el Partido Aprista fueron ilegalizados y muchos de sus militantes llevados a prisión. El tercer militarismo expresaba así la reacción de los terratenientes feudales frente a la crisis capitalista y sus pugnas con la gran burguesía. Dicha ley significó la justificación legal para acallar toda oposición al sistema. ¿Hoy con el actual gobierno de Humala -con las detenciones a diversos dirigentes sociales y políticos- no estaremos viendo algo similar?

jueves, 5 de junio de 2014

JOSÉ OLAYA BALANDRA: HÉROE POPULAR DE LA EMANCIPACIÓN

La lucha emancipadora del dominio español se hacía más compleja: 1823, gobernaba el 1er presidente José de la Rivaguero, el ejército patriota era derrotado por los realistas en la llamada segunda campaña a "puertos intermedios", en la sierra. Gracias a esto los  realistas -en una audaz operación militar- recuperan por breve tiempo la ciudad de Lima. Alboroto en la capital. El Congreso y el presidente Rivaguero, desconcertados y para no ser atacados, se refugian en la Fortaleza del Real Felipe ubicado en el Callao. Mientras tanto, los españoles cometen saqueos, violaciones y torturas contra la población que luchaba por la independencia peruana. José Antonio de Sucre -venezolano envíado al Perú por Bolívar para preparar su llegada- fue nombrado Jefe Militar por el Congreso, estaba en el Real Felipe y desde allí debía dirigir la lucha emancipadora. Para ello debía tener una rápida comunicación clandestina con el exterior, saber de las acciones de los realistas y orientar a los patriotas, pero, ¿quien sería ese mensajero, ese interlocutor clandestino? Pues el humilde pescador chorrillano, JOSÉ OLAYA BALANDRA (1782-1823). Astutamente este pescador llevaba las cartas a nado comunicando a los patriotas de Lima y chorrillos con el Callao en donde estaba la Fortaleza. Mientras llevaba una carta de Sucre fue capturado por los españoles bajo el mando de Canterac en Lima. Olaya fue salvajemente torturado para que delate a los implicados mas no dijo ni una palabra, le arrancaron las uñas, lo golpearon delante de su madre para que ella hable también pero NO DELATARON A NADIE. Condenado a morir fusilado, es conocida su frase: "Si mil vidas tuviera, gustoso las daría antes de traicionar a mi patria". Fusilado en Lima en el pasaje que lleva su nombre un 29 de junio de 1823. Al poco tiempo los realistas retornaron a la sierra. En medio de la incertidumbre por saber el desenlace de esta guerra por la independencia americana, cuando el Congreso peruano y el Presidente se atacaban mutuamente del fracaso y los realistas tomaban impulso, el héroe JOSÉ OLAYA representó la fuerza, el sacrificio de las masas populares en la lucha por la emancipación del Perú de España. Hecho que se consumará al año siguiente.

martes, 3 de junio de 2014

LA MASACRE DE UCHURACCAY

Eran los primeros días de 1983, en un Ayacucho convulsionado por una guerra subversiva librada por el Partido Comunista del Perú, conocido como "Sendero Luminoso", una guerra campesina que buscaba en lo fundamental desmoronar el Estado peruano y conquistar el poder para crear una "República de Nueva Democracia", bajo el estilo maoísta de guerra popular del campo a la ciudad. La guerra venía desde 1980 y su centro era la sierra sur del país, la zona más deprimida del Perú por la pobreza, el abandono y la explotación. Los subversivos habían logrado avances en el desarrollo de su guerra, tenían ganado un considerable apoyo campesino y empezaban a controlar algunas comunidades sin presencia del Estado, lo que ellos llamaban "el nuevo poder". Es entonces cuando las fuerzas armadas peruanas -bajo el gobierno de Fernando Belaúnde Terry- intervinieron a fines de 1982 para acabar rápidamente con dicha subversión a la que llamaban "terrorismo". De inmediato las fuerzas del orden al mando del general Clemente Noel organizaron a la población campesina e infiltraron sus agentes entre las mismas masas para aniquilar a todo elemento subversivo en el campo. El objetivo de los militares era dividir el movimiento subversivo, enfrentar campesinos contra campesinos, llegando a formar "mesnadas" o carne de cañón para aniquilar a los "terroristas". Era una guerra implacable. Hasta la capital llegaban a denuncias de matanzas, violaciones, torturas, etc. Del movimiento guerrillero se conocía poco y eso hacía más dramática la situación. Sus acciones hablaban por sí mismas, una guerra sin cuartel al orden establecido. Es en ese contexto que de Lima viajan 8 periodistas a investigar los sucesos de este conflicto. Un acontecimiento previo ocurrido en Huaychao en donde una parte de la comunidad dio muerte a los subversivos alertó a los periodistas. ¿Qué estaba ocurriendo? ¿Era una guerra entre campesinos o una guerra de campesinos contra el Estado? ¿Qué papel estaban cumpliendo las fuerzas armadas en este conflicto? Interrogantes que los llevaron a buscar la información de primera mano. Los periodistas fueron guíados por campesinos al poblado de Uchuraccay en la provincia de Huanta, Ayacucho. En eso los comuneros con las mesnadas y elementos infiltrados, asesinan a estos 8 periodistas y sus guías. La noticia llegó hasta la capital y dio la vuelta al mundo. El gobierno de Belaúnde dispusó la creación de una Comisión Investigadora presidida por el escritor Mario Vargas Llosa para esclarecer los motivos de ese trágico suceso. Su conclusión dejó más dudas que certezas: "los comuneros mismos habrían dado muerte a los periodistas a quienes habrían confundido como terroristas". Este argumento fue muy cuestionado porque en parte limpiaba al ejército, le quitaba responsabilidad de lo que era por muchos conocido: la vejación y el maltrato de los militares a la población campesina en su lucha antisubversiva. "O estas conmigo o con los terroristas". Esa era la lógica de las fuerzas armadas en aquel contexto; y el genocidio, las fosas comunes y desapariciones, una realidad que recién estaba comenzando. Era enero de 1983.




domingo, 1 de junio de 2014

LA MINERÍA COLONIAL EN EL PERÚ

Durante el virreinato peruano, la MINERÍA se convirtió en la principal actividad económica -desplazando a la agricultura inca- y gran fuente de ingresos para la corona española. El principal metal que se extrajo de las minas fue la PLATA seguido por el mercurio. Toneladas de plata se llevaron los españoles de América entre los siglos XVI y XVII, siendo POTOSÍ, en el altiplano, la mina más importante de este metal. Entre otras minas importantes tenemos la de Tayacaja, Huancavelica, Hualgayoc, etc. Esta actividad fortaleció la economía española convirtiéndola en un gran imperio feudal en el siglo XVI, permitió además el impulso económico que Europa necesitaba para desenvolver el capitalismo. El siglo XVII fue el de mayor prosperidad para el saqueo de este metal: "El siglo de la plata". La riqueza llevada del Perú a España; sin embargo, no se capitalizó para el impulso industrial de este país. Sus rentas fueron dilapidadas favoreciendo más a los ingleses y alemanes. En Perú, la actividad minera se sustentaba en la explotación del trabajo de los indígenas. Bajo la forma de MITA MINERA, los campesinos eran obligados por los CORREGIDORES a salir de sus reducciones a trabajar, en forma deplorable bajo míseros salarios, en las minas conllevando una gran mortandad. Fue la principal causa de mortandad indígena en la colonia. Al cabo de un siglo de explotación minera la población indígena fue reducida a la tercera parte. Con el agotamiento de las reservas de plata en Potosí y las rebeliones anticoloniales, la minería colonial entró en una profunda crisis en el siglo XVIII obligándo a  la Corona a establecer cambios en su política. Así vemos cómo el carácter minero y dependiente del Perú actual tiene larga data y viene marcado por el saqueo y la explotación de los nativos.

martes, 10 de agosto de 2010

La implantacion Imperialista en el Perú



En este artículo vamos a analizar cómo se expresa la penetración del imperialismo en nuestro país y cómo afecta a nuestra formación económico-social. Ello debemos enmarcarlo a fines del siglo XIX e inicios del siglo XX.
Para entender el proceso de formación económico-social del país a inicios del siglo pasado es menester ubicar el contexto mundial dentro del cual se desenvuelve y éste es el de la expansión colonial imperialista sobre el mundo: África, Asia, Oceanía, Latinoamérica. La expansión de los monopolios por el orbe llevando el capitalismo a lugares inimaginados, generando mayor explotación y pobreza a los países oprimidos como el nuestro. A su vez entender también el contexto de la “paz armada”, esa carrera armamentista de las potencias europeas que van preparando las condiciones para el futuro estallido de la primera guerra mundial.

El imperialismo, como lo definiera Lenin, es la última fase del capitalismo o su fase superior, caracterizado por tres rasgos fundamentales: monopolista, parasitario y agonizante.

Entendemos el carácter monopolista del imperialismo, el cual va concentrando los capitales y la producción en pocas empresas, formando consorcios capitalistas como el trust, holding, cartel, etc.; eliminando toda libre competencia, destruyendo a las pequeñas y medianas empresas, y acaparando todos los mercados. Esa lucha permanente entre los monopolios y el reparto de los mercados, nos llevará a las dos guerras mundiales que tanta destrucción han generado.

Es parasitario porque ya no tiene como mira principal el desarrollo de las fuerzas productivas entre ellas el conocimiento; sino que vive absorbiendo, extrayendo, las fuentes de recursos naturales en naciones oprimidas, como el caso del petróleo y los minerales. Ello no escapa a nuestro país que ve cada día más espoliada sus recursos naturales bajo la forma de enclaves. Con ello se asegura también una mano de obra baratísima. Así mismo estos monopolistas expresan sus luchas económicas en las bolsas de valores, por quitarse las riquezas y especulando con inversiones en futuros mercados por conquistar, originando cada vez crisis mucho más fuertes.

Agonizante porque no puede proponer una salida a los problemas del hambre y miseria que hay en el mundo. Por lo contrario, su misma existencia es la que genera, mantiene y ahonda los grandes problemas que vemos hoy a nivel mundial, como el desempleo, las guerras de agresión, la explotación, la prostitución, etc. Es un obstáculo al progreso social, y ello se refleja en las crisis constantes que se expresan como la de estos últimos seis años -la más grande y grave- que, aún cuando ya terminó, demuestra la proximidad de su inminente caída.

Al respecto hay que precisar cómo opera el Imperialismo en países oprimidos como los nuestros. Aquí el imperialismo -sobre una base económica feudal heredada de la colonia- nos impone un capitalismo atrasado, cuya principal actividad no estará orientado al desarrollo de nuestras fuerzas productivas, al desarrollo nacional; sino al simple manejo, administración y cuidado de sus inversiones de capital, es decir un capitalismo burocrático, atado a la feudalidad, que sólo buscará acrecentar las ganancias de los imperialistas y de la burguesía de la cual se sirve en el Perú. Esto es, de la gran burguesía, intermediaria del gran capital, generando una explotación despiadada sobre nuestra población. Así se nos impone un capitalismo burocrático, que sin lugar a dudas, afianza nuestra subordinación hacia las potencias, convirtiendo en ese contexto a nuestra sociedad en semifeudal y semicolonial.




Sin duda la penetración imperialista en el Perú y el capitalismo burocrático que trae, va generar contradicciones con la antigua forma feudal-latifundista de economía; cuya clase social -la aristocracia terrateniente, los gamonales, propietarios de haciendas provenientes de la colonia- van a oponerse en muchos casos a esa penetración. Esto en parte por que dicha penetración imperialista obligaría a cambiar paulatinamente las relaciones de producción en el campo demandando mano de obra asalariada, en detrimento de la servidumbre feudal que campeaba en la sierra; y ello no les convenía a los hacendados porque disminuía sus ganancias. Estas contradicciones se harán patente en toda la primera mitad del siglo XX, y se expresarán en golpes de Estado, gobiernos inestables, anarquía, etc.; para al final dejar ya en el mando absoluto del Estado a la gran burguesía aliada del imperialismo.

Dentro del conjunto de potencias imperialistas que luchan por el reparto de mercados, será la inglesa quien tome las riendas de la mayor parte de los mercados mundiales a fines del siglo XIX y comienzos del XX. Alemania y Estados Unidos, nuevas potencias imperialistas que le pisaban los talones, la desplazarán poco a poco, y la futura 1era guerra mundial constituirá un nuevo reacomodo de poderes a nivel mundial.

En nuestro país la penetración mercantil inglesa ya se expresaba desde la misma emancipación cuando apoyó financiera y logísticamente a las campañas libertadoras, especialmente de Bolívar. En la época del guano con Castilla también se manifestaba a través de la casa Gibbs; en aquellos momentos su desarrollo económico operaba sobre una política librecambista y de consignaciones con el Estado para la extracción y venta del principal recurso de la época: el guano.

Pero es después de la guerra del guano y salitre o guerra con Chile (1879-1883), en donde Inglaterra se va a apoderar totalmente de nuestra economía, a la sazón, destruida por la guerra, y en este caso ya con una política monopólica. A partir del contrato Grace (1888) sentarán las bases legales para su incursión y en el gobierno de Piérola hará su ingreso bajo la forma de inversiones, bancos y enclaves.

A partir de la llamada República Aristocrática, con el gobierno de Nicolás de Piérola (1895-1899) se instalan bancos (Popular, Italiano, Internacional), y fábricas, especialmente de tejidos en Vitarte, se reforma la moneda creándose la libra peruana para adaptarse a la moneda inglesa, se establecen enclaves como el petróleo en manos de la Lomdon Pacific, el caucho, los minerales, etc. Se fomenta el desarrollo agro exportador en la costa con mayor inversión de capital en los ingenios azucareros; se ahonda en el control de nuestras materias primas como nunca antes visto. De esta manera el Perú se inserta en el nuevo orden imperialista como país primario exportador con mano de obra barata y una clase política sumisa al gran capital: el civilismo.

Sin embargo, esa penetración capitalista va ir generando al proletariado, la clase obrera peruana, quien se concentrará específicamente en las ciudades del país, dónde se instalarán algunas fábricas. Mientras en el campo la masa campesina seguirá sometida a formas feudales de explotación bajo el mando de los gamonales. Así, las dos principales clases populares se encontrarán poco a poco, a medida que la expansión imperialista haga necesaria su penetración en nuestra serranía para la extracción de las materias primas. Y así también como la crisis de la agricultura feudal traiga como consecuencia la presencia de masas provenientes del campo hacia las ciudades para el trabajo en las fábricas. Poco a poco, merced a la lucha de clases, se abrirá terreno para nuevas ideologías y planteamientos políticos que reflejen el sentir, las necesidades de las clases populares como el anarquismo, sindicalismo, indigenismo y, posteriormente, el aprismo y el socialismo.

Así pues vemos cómo el imperialismo ingresa a dominar nuestra estructura económica, y cómo a partir de ahí la superestructura política y las formas de ideología y cultura estarán teñidas por la dominación monopolista. Esto establece y mantiene la contradicción imperialismo-naciones oprimidas, que demanda a nuestros pueblos luchar contra esa dominación y emancipar completamente a nuestras naciones.

Obreros de fábrica y campesinos de hacienda





miércoles, 4 de agosto de 2010

Acerca de la Independencia del Perú





También conocida como la emancipación, esta es una de las hazañas más importantes de la historia de América y cuyo estudio, debe ser motivo de estímulo para fortalecer la unidad entre los pueblos americanos.

Entender este proceso no es posible en la medida que se vean las cosas aisladas, unilaterales, es decir; si sólo analizamos la independencia del Perú fuera del contexto sudamericano y mundial, no podríamos tener una visión certera de la misma ni esbozar las lecciones que nos deparan en la actualidad a nuestros pueblos. La emancipación fue un proceso amplio, generalizado, que abarcó gran parte de Sudamérica. La ruptura con el dominio colonial fue necesaria, justa, ya que España, país feudal y con capitalismo atrasado, no tenía que ofrecer nada al desarrollo de América. Por lo contrario, la mantención como colonias españolas constituía una traba al avance de las nacientes fuerzas productivas de esta parte del continente.

Repasemos el contexto mundial. Estamos en las primeras décadas del siglo XIX. Pleno apogeo de la industria capitalista. Inglaterra era el país más desarrollado y el que más necesidad expresaba de ingresar con mayor libertad al mercado sudamericano para ampliar sus negocios. Es parte de la expansión capitalista por el mundo. El copamiento de los mercados es una necesidad de la industria capitalista. Y América no escapaba a ello. Ya la India estaba en manos de los ingleses. Por ello la participación importante de este país en el proceso independentista.

Por otro lado Francia había culminado un proceso revolucionario. La burguesía de ese país, ya en el poder, ambicionaba expandirse por los mercados de Europa continental. El llamado imperio napoleónico iba a cumplir esa necesidad. Sin embargo, la falta de un fuerte capitalismo e industria francesa impidió que asegure el control de esos mercados. De ahí su fracaso en España y Rusia sobre todo. De todos modos la invasión napoleónica a España, 1808, debilitó a este país en cuanto se refiere al control de sus colonias en América. De eso se aprovecharon los criollos americanos. Las Juntas de Gobierno creadas en este continente expresan esa creciente coyuntura separatista. Tras el fracaso napoleónico retornó el absolutismo a España. Ya debilitado dicho absolutismo no pudo impedir las sucesivas independencias de las colonias en Sudamérica. Ni siquiera la llamada Santa Alianza, conservadora y absolutista, pudo detener el avance libertario de los americanos.

En Sudamérica, se vivía un contexto de crecimiento económico en algunos puertos comerciales independientemente de la política colonial. Las reformas borbónicas aplicadas por España en América en el siglo XVIII permitieron la apertura de nuevos puertos como Buenos Aires, Caracas, Valparaíso, Santa Fe, etc. A partir de allí se intensificará un comercio con los países europeos. De Europa llegaban productos industriales como textiles, cueros, vidrios, etc. Esto favorecía el surgimiento de burguesías comerciales en dichos puertos sudamericanos siendo los de Buenos Aires y Caracas los más importantes. Estas burguesías de criollos ambicionaban iniciar un proceso de industrialismo en sus regiones. Junto con dichas oligarquías se difunden las ideas más avanzadas de la Ilustración, las ideas de soberanía, igualdad, libertad, propiedad, que para aquella época, estaban en boga, sobre todo a partir de la Revolución Francesa. Estas burguesías por lo visto, requerían ampliar sus mercados en Sudamérica, pero España, era un obstáculo a su avance económico. España aplicó una política proteccionista, rentista, de su mercado, y para aquel momento, eso era una traba al desarrollo de las fuerzas productivas en esta parte del continente. Siempre España impidió el surgimiento de mercados en América. La metrópoli tenía el monopolio comercial y no quería ninguna posible competencia. Para inicios del siglo XIX, esa política simplemente reventó.

Sabemos que de la necesidad económica, fácilmente se sigue la necesidad política. Y es que estas oligarquías criollas, ávidas de mercados propios y de tierras, comienzan a plantearse la idea de la ruptura, la emancipación política del dominio español. Uno de los primeros precursores de esta proclama separatista fue el criollo arequipeño, jesuita Juan Pablo Vizcardo y Guzmán, quien en su obra “Carta a los Españoles Americanos” a fines del siglo XVIII, expresa la necesidad de los criollos de luchar por la independencia. Otro criollo separatista fue Francisco de Miranda, prócer venezolano, que también dejó el camino marcado para la independencia de su región.

En el Perú el sentimiento libertario era fuerte sobre todo entre los criollos provincianos, profesionales y comerciantes muchos de ellos, quienes imbuidos de las ideas ilustradas, anhelaban esta emancipación. Ya antes de las llegadas de las corrientes libertadoras, habían estallado levantamientos y rebeliones dirigidos por estos criollos, como la de Francisco de Zela en Tacna, Juan José Crespo y Castillo en Huánuco, Enrique Pallardeli en Tacna, los hermanos Ángulo en el Cusco, Arequipa y Puno, siendo esta última la más trascendental. Todas ellas fracasaron por la incapacidad de los dirigentes criollos quienes no supieron incorporar decididamente a las masas campesinas y a otros sectores populares como los negros esclavos a la lucha independentista. Otro factor de su fracaso fue la escasa visión nacional que tuvieron. Dichas rebeliones en su mayor punto pecaron de regionalistas. Y a ello se suma la acción represiva de las autoridades coloniales encabezados por el virrey Fernando de Abascal, quien tuvo a su vez el respaldo económico de los aristócratas comerciantes limeños agrupados en el Tribunal del Consulado. Este sector era opuesto a todo intento separatista. Recordemos que dicho grupo económico fue favorecido por el monopolio comercial implantado por España desde el siglo XVI. Para aquel momento ya había acumulado cuantiosa fortuna y no quería perder sus privilegios con la independencia.

Así pues hay dos sectores de criollos en el Perú enfrentados en esta lucha: los limeños aristócratas, hacendados y comerciantes, vinculados fuertemente a España, opuestos al proceso separatista; y los provincianos liberales, profesionales y comerciantes, descontentos con la administración colonial, quienes anhelaban la independencia. De estos últimos saldrán los famosos próceres como Faustino Sánchez Carrión, Toribio Rodríguez de Mendoza, Luna Pizarro, etc. Esta diferencia entre grupos criollos no es del todo rígida, sin embargo, términos generales, se los puede dividir de esa manera.

Las corrientes libertadoras que convergerán en el Perú surgen pues por necesidad de terminar con el dominio español en América. Mientras en Buenos Aires y Caracas, ya los patriotas criollos habían alcanzado su emancipación, bajo la batuta de José de San Martín y Simón Bolívar respectivamente; el Perú continuaba y se convertía en el principal bastión de la reacción colonial, específicamente Lima. Como se dijo la necesidad de terminar con el dominio español iba acompañada por el interés económico de ampliar los mercados y tierras para el control de estas burguesías criollas.
Simón Bolívar criollo liberal, dirigió la independencia de Venezuela y Nueva Granada, luego en el Congreso de Angostura se apresta a fundar la República de la Gran Colombia y a establecer la corriente libertadora del norte. Su proyecto fue mucho más ambicioso que el de San Martín. Estaba por la conformación de una República Federativa Hispanoamericana, que busque desenvolver un capitalismo siendo Caracas el centro comercial de dicha Federación, todo ello bajo el respaldo del capitalismo inglés. Este proyecto fracasó por la oposición de los terratenientes conservadores y militares de cada país naciente, quienes como nuevos señores feudales pretendían gobernar sus regiones cual si fueran chacras. Ahí Hispanoamérica perdió una gran oportunidad de avizorar un desarrollo mancomunado.

En cuanto a la oligarquía bonaerense, después de independizar Buenos Aires, conforman su corriente libertadora del sur. Aquí se mezclaban intereses comerciales bonaerenses con los de los terratenientes, especialmente los ganaderos de las pampas argentinas. El de San Martín fue pues un proyecto conservador, hasta cierto punto monárquico que es lo que deseaba para el Perú, bajo el modelo político inglés de la monarquía constitucional. San Martín buscaba a conciliación con el español, el respeto de sus propiedades y títulos de nobleza. Sobre todo por el desprecio y temor que le inspiraban los campesinos y de que estos se metieran a la lucha. Chile fue el primer punto de esta corriente. Consumada su independencia en Maipú, la oligarquía comercial de Valparaíso se hará presente también, vía sus agentes, en la campaña hacia el Perú. Y en todo ese proceso el capitalismo inglés prestaría su decidido apoyo a ambas campañas. Como vemos serán muchos los intereses de las clases en pugna en este proceso separatista.

Las masas campesinas jugaron un papel decisivo en la emancipación. Siglos de explotación y miseria no hacían sino generar un sentimiento de odio al español y a sus aliados criollos aristócratas. La rebeldía de estos pueblos era algo que conmovía. La lucha indígena por la libertad ya había estallado mucho antes de consumada la independencia. En el siglo XVIII estallaron más de 100 rebeliones indígenas de carácter anticolonial y antifeudal, siendo la más importante la encabezada por el cacique José Gabriel Condorcanqui, Túpac Amaru II, en 1780. Fue el movimiento social revolucionario más estremecedor de la colonia. Muchos héroes destacan en esta gesta como Micaela Bastidas, Tomasa Titu Condemayta, Diego Cristóbal Túpac Amaru, Túpac Catari, Pedro Vilcapaza, etc. Sin embargo, traiciones en el seno de los cacicazgos y errores en la dirección del movimiento terminaron por ahogar la revolución en una aplastante derrota.

Después de la derrota de la revolución tupacamarista, las autoridades coloniales aplicaron una fuerte represión contra el pueblo andino. A partir de allí se expresó un repliegue en sus luchas, de la que saldrán a inicios del siglo XIX cuando apoyen las rebeliones criollas, y ya durante la etapa de las corrientes libertadoras fueron quienes pusieron su sangre en demasía por la emancipación. Sin el apoyo de estas masas, conocidos como los “montoneros” la independencia no hubiese sido posible. La presión que ejercieron a la aristocracia limeña opuesta a la independencia, cuando estaban las montoneras por ingresar a Lima, las hizo cambiar de opinión. Sus propiedades pesaban mucho más que cualquier sentimiento patriota. San Martín recibió para ello el encargo de los aristócratas de protegerlos de los “indios”. De ahí surgió la famosa proclamación de la independencia en Lima en 1821, dejando a los realistas el control de la sierra. Así el tal 28 de julio del 1821, más que la concreción de la independencia, sólo se expresa una medida apresurada para evitar un inminente levantamiento campesino en las ciudades que golpearía las bases del poder de la aristocracia. Así se ve el carácter conservador de la corriente dirigida por San Martín.

Luego en el Protectorado San Martín busca defender a los aristócratas y se enfrenta a la oposición de los liberales que abrazaban las ideas republicanas. Sanchez Carrión, Rodriguez de Mendoza, fueron gravitantes en este contexto para la causa republicana. San Martín fracasa militar y políticamente, y se retira del Perú instalando el 1er Congreso. Nace así la República en 1822. Pronto surge el caos y desgobierno, aristócratas y liberales peruanos se enfrentan por la forma de gobierno que debe adoptar el Perú independiente, mientras los españoles en la sierra tenían amplio control de la situación y retomaron Lima en 1823. Así, mientras el caos reinaba en el Perú, héroes como María Parado de Bellido en Ayacucho y José Olaya en Lima, entregaban sus vidas por la promesa de la patria independiente. Llegaron a existir dos presidentes a la vez en el Perú: José de la Rivaguero, primer presidente, y José de Torre Tagle. Esta situación caótica sera aminorada con la llegada necesaria de la corriente libertadora del norte con Simón Bolívar a la cabeza quien pronto reprimió a estos conservadores.


Bolívar, con promesas de tierra y libertad, convoca a las masas campesinas a la guerra. Cobra cupos a la aristocracia norteña para costear la guerra y en poco tiempo logra rearmar un poderoso ejército. Sánchez Carrión fue su secretario de guerra. Las campañas de Junín y Ayacucho en 1824, contaron con decisiva participación de las montoneras. Fueron las masas campesinas quienes hicieron capitular a los realistas. Sin embargo, los criollos, aristócratas y liberales, quienes dirigieron estas campañas separatistas no tomaron en cuenta los intereses ni necesidades propias de los campesinos, como el derecho la tierra, ni la supresión de los tributos, en la nueva etapa republicana. Al contrario, la explotación de las masas se acentuó, la marginación, indiferencia y opresión se hizo más exasperante para el pueblo andino en la república como se verá en otro trabajo.

En conclusión: la emancipación fue obra de las masas populares, campesinas, negros esclavos, mestizos, etc.; fue con su concurso determinante que esta lucha cristalizó en la ruptura con España. Sin embargo, los que dirigieron este proceso, criollos aristócratas y militares terratenientes, mantuvieron durante la república, las mismas estructuras coloniales de opresión hacia las masas y permitieron una nueva dependencia hacia otras potencias, en este caso a Inglaterra, quien fue la más beneficiada con este proceso. Así, el capitalismo ingresa con más fuerza en Sudamérica y en todo lo que quedará del siglo XIX se profundizará el sometimiento de nuestros pueblos al capitalismo inglés, convirtiéndose las burguesías locales de los países independizados progresivamente en meros intermediarios y agentes del gran capital. Por lo tanto la lucha por la verdadera emancipación, la del gran capital y del imperialismo no ha terminado; prosigue, y es deber de los pueblos americanos, de sus clases trabajadoras, hermanados por una tradición de lucha, bajo sus organismos de vanguardia, terminarla y construir una América verdaderamente soberana.